La belleza es relativa y siempre depende de los ojos que la miren, la obra de arte que yo presento,
es para mí, la mayor belleza que puede existir, cuando miraba los ojos de mi perrita veía en ella el
amor que sentía hacia su familia, que aunque no tenemos patitas iguales, tenemos un mismo
sentir de cariño y afecto, ella me hacía sentir segura, acompañada, feliz y amada de la manera más
inexplicable que puede haber, ya que al ser una perrita y no poder hablar con palabras, me
demostraba su amor con cada acto que ella realizaba, al mover su colita de lado a lado cuando me
veía llegar y correr hacia mí con una fuerza impresionante que terminaba dejándome tumbada en
el suelo junto con ella, con cada ladrido de protección cuando salíamos, con cada beso y pellizco
singular que le gustaba darme con su trompa cuando yo estaba distraída; aunque no podía hablar,
con ella me desahogue incontables veces, lloré a su lado, reí a su lado, dormí a su lado y hasta
aprendí a patinar junto con ella y jugábamos a las carreras, nunca logré ganarle una carrera, ni
siquiera en sus últimos días de vida… Ella siempre fue una perrita muy fuerte, que no se quejaba si
algo le dolía, y aunque ya estuviera viejita, demostraba que ella podía con todo y lo demostró
hasta su último aliento.
Cuando llegó el inolvidable y doloroso día que llegué el colegio tarde en la noche y la encontré en
el suelo ya sin vida, me rompió el corazón, ese día algo dentro de mí se quebró, pero su belleza y
manera de recordarla no cambia ni cambiará, ella es uno de los ejemplos más grandes de belleza
que puedo dar, y siempre que pienso en belleza, en amor y felicidad, cierro los ojos y la veo a ella
mirándome y moviéndome su colita feliz de podernos volver a ver.

Comentarios
Publicar un comentario