el cielo del amor
recuerdo como si fuera ayer el día de tu llegada, tan pequeña y frágil, apenas aprendiendo a
caminar junto a tu hermano y yo deseando poder llevarte a casa conmigo, y si… así fue, dormiste
todo el viaje y yo muy ansiosa y pensativa, imaginando el nombre que te acompañaría. Mi
hermosa y tierna luna, que así como tu nombre lo decía, llegaste a mi vida a dar luz en la
oscuridad, a calmar mis días grises y transformarlos en días llenos de felicidad, días repletos de
risas y juegos, porque así tu cuerpo fuera muy pequeño, tenías una gran energía. Pasamos días
difíciles como tu grave enfermedad, días en los que le pedía a Dios tu recuperación, en los que
poco a poco y con buenos cuidados, empezaste a mejorar y volviste a ser la perrita más alegre y
cariñosa que hubiera conocido.
Pasaron los años, y día tras día esperaba salir del colegio, llegar a mi casa y que tu me recibieras
con tu cola movediza y tu gran emoción, confirmando una y otra vez que tu compañía generaba en
mí una inmensa sensación de tranquilidad y amor, un cariño puro y sincero, el cual no pedía nada
a cambio y estaba incondicionalmente a mi lado. Pero llego el momento que más tenia, empezaste
a hacerte vieja, caminabas un poco lento y permanecías en tu cama durmiendo la mayoría del
tiempo, poco a poco tu vitalidad y fuerza fueron desapareciendo. Hasta que aquel día de julio tu
cuerpo no podía más, y lentamente te acercaste a mí, te acostaste en mis pies y diste tu último
suspiro.
Llego el día de tu muerte, el día que mi mente y corazón esperaban en silencio y temor, ya que
sabía que ese día te llevarías una pare de mi contigo, y tenía razón, llegaron los días llenos de
tristeza y soledad, extrañándote y deseando con todas mis fuerzas volver a verte una vez más y
abrazarte con todas mis fuerzas, muriendo de impotencia porque muy dentro de mi sabía que era
algo que no podía controlar. Pase días llena de odio y resentimiento con todos, en especial con
Dios, no entendía porque tuvo que llevarse el motivo de mi felicidad. Pase días enteros llorando tu
despedida, con poca comida en el estómago y un par de horas de sueño.
Un día algo cambio dentro de mí, llego la hora de aceptar que ya no hacías parte de mi vida, pero
sí de mi corazón, y empecé a agradecer cada momento a tu lado, cada risa, cada paseo. En pocas
palabras empecé a recordarte con amor y felicidad, dejando a un lado la tristeza y la rabia. Te
convertiste en mi estrella más brillante, y cada noche al mirar en cielo, viendo la luna iluminando
toda la cuidad, suspiraba y pensaba en tu presencia, sintiendo una tranquilidad enorme porque
sabía que desde cualquier lugar en el que te encontraras estarías junto a mí, acompañándome
siempre en mis días más duros y en mis días llenos de gozo.
El cielo para mi significa ese lugar donde pertenecen todas las almas de los seres que algún día
pertenecieron a este mundo, un espacio puro en el cual se refleja con sus lindos colores lo bello de
este lugar, el cual es capaz de trasmitir paz con solo alzar la miraba. Observar el cielo significa ese
acercamiento con lo no terrenal, es esa ventana que nos ayuda a conectarnos y alejarnos un poco
de nuestra realidad. Así con el cielo tiene días grises, también tiene días llenos de colores, días
lluviosos y días calurosos, así es nuestra vida, un momento lleno de subes y bajas del cual nosotros
mismos tendremos la oportunidad de luchar por salir de esos que nos atormenta y esperar
siempre que las cosas tengan su mejor tono.
Comentarios
Publicar un comentario